La madrugada del 17 de febrero de 1994 marcó para siempre la historia del barrio de Flores, en Buenos Aires, dejando una de las páginas más oscuras del crimen argentino. Lo que comenzó como una noche tranquila de verano terminó transformándose en un infierno desatado dentro de la casa de la familia Bagnato, cuando un acto de venganza irracional y brutal quebró vidas, sueños y generaciones enteras.
El ataque que destruyó a una familia
Esa noche, mientras la familia descansaba, el asesino ingresó con un bidón de nafta y prendió fuego la vivienda. El incendio se desató con tal violencia que en cuestión de minutos envolvió toda la estructura. Las llamas avanzaron de manera descontrolada, atrapando a cinco miembros de la familia y dejando solo a un sobreviviente: Matías Bagnato, quien entonces tenía apenas 16 años. Su escape fue casi milagroso. Logró salir por una ventana, herido, confundido y obligado a presenciar cómo su hogar quedaba reducido a cenizas.
El trauma que no terminó con el fuego

Con el paso del tiempo, Matías no solo tuvo que cargar con la ausencia irreparable de sus padres, sus hermanos y un amigo cercano que también murió en el ataque, sino que debió convivir con un trauma profundo y persistente. A ese dolor se sumó un capítulo aún más perturbador: las amenazas del propio asesino. Desde la cárcel, el criminal mantuvo durante años una actitud intimidante, enviándole mensajes y declaraciones que reabrían una herida que nunca terminó de cerrar.
La lucha de un sobreviviente

A pesar de todo, Matías transformó su tragedia en una causa colectiva. Se convirtió en una voz activa contra la violencia, acompañó a otras víctimas y expuso públicamente las fallas del sistema que permiten que criminales peligrosos sigan hostigando desde prisión. Su resiliencia, convertida en testimonio, le devolvió parte de la dignidad que la brutalidad del crimen le había arrebatado.
Una herida que sigue abierta en la memoria colectiva

La masacre de Flores no es solo un relato policial; es una herida emocional para un país que aún recuerda el estremecimiento social que provocó. Casi tres décadas después, la memoria de la familia Bagnato sigue viva en cada reclamo por justicia y en cada intento por mejorar las leyes de protección para las víctimas.
Conclusión
La masacre de Flores permanece como un recordatorio doloroso de hasta dónde puede llegar la violencia humana, pero también de la fortaleza que puede surgir en medio de la devastación. La historia de Matías Bagnato es la de un sobreviviente que, marcado por el horror, convirtió su tragedia en un camino de lucha, memoria y esperanza.
Preguntas frecuentes
1. ¿Qué fue la Masacre de Flores?
Fue un ataque incendiario en 1994 donde una familia fue quemada viva dentro de su casa en el barrio de Flores, Buenos Aires.
2. ¿Quién fue el responsable del crimen?
El asesino fue Ricardo Barreda Almonacid (o el responsable según la versión exacta del caso), quien incendió la vivienda intencionalmente.
3. ¿Quién es Matías Bagnato?
Es el único sobreviviente de la masacre y desde entonces lucha por memoria, justicia y protección para víctimas de delitos.